DVD 93 mins IMDB 7.7
Asaltar los cielos
 (1996)
In Collection
#582

Seen It:
Yes
Documentary, Thriller, War
Spain  /  Spanish

Laura Mercader
Elena Poniatowska
Sara Montiel Herself

Director José Luis López-Linares; Javier Rioyo
Producer Frida Torresblanco

Asaltar los cielos
(Documental de José Luis López Linares y Javier Rioyo)
Juan Manuel Vera

Jose Luis López-Linares y Javier Rioyo han dirigido, bajo la forma de documental cinematográfico, un ensayo sobre el estalinismo visto a través de la familia Mercader. Un experimento insólito en nuestro cine, que merece, sólo ya por ello, un aplauso. Además, lo han realizado con seriedad y con un notable esfuerzo de documentación.

En su aproximación a Ramón Mercader como agente totalitario los autores abordan la doble personalidad, fanática y conformista, del asesino de Trotski. La figura de Ramón queda diluida frente a la de su madre, Caridad del Río, a la que se le atribuye un protagonismo en los actos de su hijo. Éste, por tanto, queda identificado con la figura de un ejecutor, preparado para realizar con frialdad y premeditación un trabajo para Stalin, una labor de profesional que obedece órdenes, más que de creyente, aunque, indudablemente, también fuera un estalinista convencido.

Víctor Serge afirmaba que no todos los medios conducen a un fin; un fin exige siempre medios determinados, ya que la elección de las armas depende del objetivo del combate. En el caso Mercader, medios y fin se unen. La vileza del criminal, preparado en una escuela del KGB, capaz de utilizar a otros -pensar en la cruel utilización de Sylvia Ageloff-, se corresponde con el significado de la política totalitaria de Stalin, para el cual la muerte del autor de La revolución traicionada era una necesidad en el camino de la aniquilación de toda conciencia independiente en la izquierda, que se le pudiera oponer.

Más de medio siglo después, cuando se contemplan las ruinas morales y materiales del imperio estalinista, puede, incluso, quedar algún resquicio de piedad hacia sus agentes. Ciegos, pero completamente responsables de sus actos. Quizás los autores de Asaltar los cielos han querido enfatizar ese aspecto. La comprensión no implica justificación. Hannah Arendt lo explicó muy bien. Que los estalinistas hayan perdido su batalla, que su asalto a los cielos haya sido un sórdido fracaso, no es lo decisivo. Cuando era una fuerza en ascenso, también era la misma mierda. Porque la esencia del estalinismo, su "asalto a los cielos" invertía el significado de la famosa expresión de Marx, en lugar de poder de los trabajadores según el ejemplo de la Comuna de París, dominio totalitario sobre los de abajo.

En la órbita estalinista había reparto del trabajo, diferentes papeles, pero la misma sumisión a Moscú y una común colaboración con sus crímenes (justificación en unos, participación en otros). Conviene no olvidar que hay asesinos que no empuñan el piolet o la pistola. Por ello es imposible intentar salvar a Dolores Ibarruri mientras se condena a Ramón Mercader.

Los crímenes del estalinismo, como los del nazismo, cuando son explicados por quienes se movieron en su círculo totalitario, quedan envueltos en la nube mágica y ambigua de "aquellos tiempos eran muy diferentes", "todo el mundo pensaba así", " si hubiéramos sabido entonces...". No puede haber justificación moral ni política para Mercader ni para los que, como él, por fanatismo o, más frecuentemente, por sumisión, son los agentes que precisa todo totalitarismo. Pero tampoco, claro está, para los dirigentes de esa fuerza tenebrosa, en aquellos tiempos sombríos. Por ello es importante recordar que, en el apogeo del estalinismo, no todos en la izquierda fueron estalinistas, no todos sucumbieron a su "magia"; hubo quienes resistieron, quienes denunciaron, quienes dijeron la verdad y lucharon por ella, pagándolo en ocasiones con la vida, como León Trotski o Andreu Nin.

Creo que el enfoque de Rioyo y López-Linares se aleja de cualquier justificación larvada del estalinismo. Tampoco incurre en ese intento de "salvar a los autores, a pesar de sus hechos", en el cual son expertos algunos historiadores comunistas. Es un intento de acercarse a la mentalidad del asesino de Trotski, a partir de su ubicación en el contexto del estalinismo. Posiblemente, el deseo de evitar el maniqueísmo haga que a algunos espectadores les pueda parecer insuficiente, que echen de menos un mayor protagonismo de las víctimas. Sin embargo, si se entiende correctamente el proyecto de sus autores, era necesario que el protagonismo les fuera concedido a Mercader y a su familia. Es una película sobre el asesino, no sobre Trotski.

No hay reconciliación entre víctimas y verdugos. Cada cual queda en su sitio. El asesino, con su crimen, con ese grito. Quienes se opusieron al estalinismo quedan donde siempre estuvieron, con su dignidad, su ejemplo frente a la ignominia.

http://www.fundanin.org/vera4.htm

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Region Region 1
Nr of Disks/Tapes 1
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Notes
http://www.cineismo.com/criticas/asaltar-los-cielos.htm

Asaltar los cielos es un documental sobre Ramón Mercader, el hombre que asesinó a León Trotski.

La historia se remonta a las primeras décadas del siglo XX en Barcelona, adonde nace Mercader, y a esa madre temperamental, algo deschavetada y perdidamente stalinista que le tocó en suerte. Ya de muy joven, y a sus instancias, Ramón se enrola entre los seguidores de José Stalin. No lo hace del modo habitual, como sacrificado militante de alguna de las juventudes españolas del PC, sino que entra por la puerta grande: un viaje a la Unión Soviética que lo pone en contacto directo con el poder. Este le da a Ramón el entrenamiento político necesario para afirmar definitivamente su fanatismo, y una preparación intelectual que muchos agentes de las películas de James Bond envidiarían.

Esta primera mitad del film, al igual que la que nos queda por delante, se nutre de una estructura documental más o menos caminada: imágenes de archivo, una voz en off (la de Charo López), numerosos individuos que ofrecen sus testimonios ante cámara. Entre otros: Luis Mercader, el hermano diez años menor de Ramón; el escritor Manuel Vázquez Montalbán (mucho más joven), que fue militante del PC español; Santiago Carrillo, que supo ser su secretario general durante largos años (e hizo buenas migas con Ramón); amigos del susodicho, etc. Algunos de estos testimonios son valiosos. Las imágenes de archivo, en cambio, en este tramo están cocolicheramente agrupadas, de modo que ayudan poco a reconstruir la historia de Mercader, a hacer foco sobre su periplo.

Todo mejora cuando nos acercamos a México. La presencia de Trotski, quien se refugió en un bunker paradójico (por lo vulnerable) de Coyoacán, empieza a darle sentido a las imágenes. Y es lógico: en última instancia, este hombre es lo que le dio sentido –por no hablar de fama– a la vida de Mercader. Por lo demás, la proximidad del crimen acrecienta la tensión del film (en relación con esto, cabe celebrar que el relato avance de manera lineal, es decir cronológicamente). Y las estrategias del sicario aportan cierto aire de film noir, cierto suspenso, vinculado con los muchos nombres e identidades que adoptó. Las imágenes de archivo también se ponen más jugosas, y lo mismo ocurre con los testimonios, con la yapa de que empiezan a declarar los del otro bando. Habla una viejita que fue muy amiga de Silvia Ageloff, la militante trotskista que, ignorándolo todo, se dejó seducir por Mercader, facilitándole el ingreso al círculo íntimo del revolucionario. Se lo escucha a Esteban Volkov, nieto de Trotski, y a algunos de los guardaespaldas –dos yanquis, uno mexicano– que lo acompañaron por esos días. Lo más conmovedor de este segmento son las palabras de Trotski –evocadas por algunos de estos– que dan cuenta de que el creador del Ejército Rojo sabía perfectamente que tarde o temprano Stalin acabaría con él, porque nada puede hacer un hombre solo y en fuga contra un Estado entero.

Hecha excepción de la mentada dispersión inicial, el film reconstruye con riqueza y precisión los detalles fácticos de la historia que tomó entre manos. Derrumba incluso algunos mitos, como el que establecía que Mercader no obró por convicción (ciega, aun espantosa, pero convicción al fin) sino porque la KGB tenía secuestrados a su madre y a su hermano. No: mientras éste le asestaba a Trotski el golpe de piqueta que terminó con sus días, doña Caridad estaba a pocos metros del lugar del crimen, esperando a su hijo en un automóvil con el motor encendido. Lo que Asaltar los cielos no se preocupa por develar, investigar o tan siquiera poner mínimamente de manifiesto son las causas de este horrendo crimen: los oscuros intereses de la casta stalinista, el riesgo que el ya anciano Trotski y su flamante "creación", la Cuarta Internacional (fundada dos años antes con el fin de unificar el combate anticapitalista a nivel mundial), suponía para sus planes, etc. Todo eso falta. Pero todo eso es lo que puso en marcha a Mercader. Esta ausencia, pues, le quita hondura y relevancia a la película.

Guillermo Ravaschino